Érase un soplo de
aire
el que meció tus
cabellos
creyendo que eran
trigales
donde descansar sus
besos
Érase una brisa
suave
era un suspiro de
viento
el que te rodeó
el talle
de amapolas del
tiempo,
el que dejó
inevitables
caricias sobre tu
cuerpo.
Era un huracán
salvaje
mi corazón en el
pecho,
una noche inolvidable
cuando tuve este
sueño.