Soy una estatua, soy el espejo
donde se miran, donde se clavan
los ojos de los hijos del tiempo.
Soy una estatua, soy el deseo
donde se rozan, donde se posan
las huellas de las manos del tiempo.
Soy una estatua, soy el cemento
donde se quedan, donde se oyen
los ecos de los gritos del lamento.
Yo no soy más que tú
cuando me miras,
acreedor de mentiras
en mi infinita quietud.
El silencio te arranco,
cuando desde la nada,
vuestros ojos se clavan
sobre mis ojos blancos.
Soy una estatua, soy el invierno
donde se callan, donde se calman
los fuegos de las llamas del infierno.
Soy una estatua, soy el tintero
donde se bañan, donde se sacian
las voces de los mitos del cielo.
Soy una estatua, soy el pañuelo
donde se secan, donde se mueren
las gotas de las lágrimas del sueño.
Yo no soy más que tú
cuando me miras,
sólo arena que inspira
a mi eterna juventud.
Si encuentras la mirada
que mis ojos esconden,
pregúntales a dónde
miran las estatuas...