domingo, 13 de mayo de 2012

Intimísimo dolor


Ni tú, hoy, podrás, enarbolada
al glacial mástil de lo infinito
desterrar de mi corazón marchito
el septiembre de iterativa espada

que de mi calendario una hoja amada
arrancó la ira en un día maldito.
Ni tú, hoy, en incesante grito,
- innombrable enésima de la nada –

sabrás, sobre la herida de mi ofensa,
dar tu voz a mi palabra vacía
que en insólito silencio compensa

el lamento de mi callada agonía.
Ni tú, hoy, en obstinada defensa,
me consolará el alma, poesía.

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