El
hundimiento, la náusea
constante
que asfixia,
el
desprecio de uno mismo
en
la soledad irremediable
de
lo absurdo de la vida,
el
ahogo de lo alegremente
momentáneo,
cruel,
del
tiempo en las entrañas,
el
olor nauseabundo a carne
de
cementerio gris. Cipreses,
escarabajos
oscuros en las sienes
tiernas,
húmedas, agitadas
de
años y de futuro,
lo
indomable del sol,
de
la acaramelada luna, lejana,
lo
imposible de la felicidad...
El
ocaso del hombre y la conciencia
se
desmenuza cruelmente
ante
los ojos abiertos.
La
náusea de vivir contrario
al
impulso de sentirse vivo,
me
desmorona lentamente