Puntual siempre a
su cita el sueño oscuro,
hedores de horas
muertas, moridero
del presente
devorando el futuro,
lágrimas de
sangre en el minutero,
marcando el
instante, el momento duro
del último adiós,
del viaje postrero.
Un ejército de
relojes llora
sobre el cadáver frío
del pasado,
y un vil e inmenso
gusano devora
silencios que la
edad ha callado…
…sólo queda de la
vida la espora,
la estela de un
recuerdo olvidado…
Y otra vez gira
la manecilla
bajo escombros de
tiempo perdido,
en pliegues de milimétrica
arcilla
oculto el tic-tac, el yo consumido
en la náusea, en la
eterna pesadilla…
…todo es vacío, todo
es olvido.