miércoles, 25 de abril de 2012

INMARCESIBLE INQUIETUD


Es el eco perpetuo en la constancia
de los sueños que en mil noches exploro
quien se asoma a mis ojos cuando lloro,
quien, ausente, susurra en la distancia.

Es el miedo en hostil intolerancia
de ángeles y demonios que a coro
a los oídos me gritan y añoro
la ilusión mancillada en mi infancia.

Con un luto de perenne tristeza
ha vestido tu duelo mis pestañas
¡ oh pesadilla !, insensible vileza,

tú, en desmedida obsesión me acompañas
cuando el terror en mí se despereza
y con la muerte mil veces me engañas.

domingo, 22 de abril de 2012

Silencio siempre de madrugada

Pausa anhelada en el alma,
antigua sinrazón del cuerpo,
rocío en ti aquellos besos
añiles de azucenas blancas.

Tiernos el alba y el recuerdo
ígneos de sol, húmedos de agua.

Giro el recuerdo en torno a tus ojos,
rompiendo  en mí la esencia
de amores vestidos de inocencia
cuando el tiempo suena
ignorando las edades…
… adioses que en el aire vuelan,
silencio siempre de madrugada.

viernes, 20 de abril de 2012

Artículo de Arturo Pérez-Reverte publicado en XL-Semanal.

(!!PASALO,porque una educacion mejor nos concierne a todos!!)

PERMITIDME TUTEAROS, IMBÉCILES

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda.Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros -aquí matizaré ministros y ministras- de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros -el tuteo es deliberado- a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia.

Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña.

Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico».

O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos».

Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p'alante.

Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet.

La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.

Pásalo, merece la pena que sea difundido

jueves, 12 de abril de 2012

Lágrimas en Nacaren o el desamor

Nacaren estaba triste.  Últimamente había nevado demasiado sobre su corazón. Anhelaba un cambio. Lo necesitaba imperiosamente.
    En la cocina de su casa, sentada en una silla plegable, sostenía entre sus manos un gran vaso de café, tan amargo como la tristeza que en sus ojos se adivinaba. En ellos, clavada la mirada en algún punto perdido de la hornilla, se atropellaban fugaces imágenes de un tiempo no excesivamente lejano.
    A cada recuerdo, sus labios lo acompasaban con un leve gesto de sonrisa o tristeza, minúsculo, involuntario, tan fugaz como etéreo. Todos se suspendía en un sueño, esos momentos de improvisada reflexión le servían de privada terapia, de obligada evasión hacia sí misma.
    Se recordaba inmensamente feliz, encaramada a la cima de un leve acantilado. Los ojos, henchidos de curiosidad, abiertos al horizonte, donde los pequeños pesqueros parecían hacerle guiños de felicidad con sus luces intermitentes por el vaivén de las olas.
    Fue ese día la confirmación de su amor...
    Allí en lo alto, el silencio era espuma de mar, el momento mismo era el infinito, sus sentidos, todo poesía... ¡aire, noche, salinas, estrellas!.
    El mundo estaba allí, a su lado. El futuro venía engalanado, envuelto en deseos, en sueños...
    Y ella allí, los ojos abiertos a todo horizonte, atrapada en dulces palabras, hechizada por un amor susurrado al oído bajo un olor tremendamente azul.
    Instintivamente removía el café con un pausado movimiento de la mano. A pequeños sorbos disfrutaba del cómplice de su soledad, sintiéndolo tan amargo y frío como aquel presente que estaba viviendo o, acaso, descubriendo; como lo antónimo a lo que ella había soñado.

    Súbitamente, una sonrisa desdibujó la tristeza de su cara, dejando que, libre, el gozo se adueñara de sus pupilas, preñando sus labios de una olvidada ternura que la hacía etérea, ingrávida, vagabunda  en sentimientos de aquella realidad que permanecía suspendida en su recuerdo.

    ¡ Un solo beso le hizo soñar tánto ! . . . ¡ Un solo sueño le hizo besar tánto ! . . . ¿ Cómo redescubrir ,una a una, aquellas sensaciones ?


¿Cómo redescubrir, una a una, aquellas sensaciones?

            El tiempo, con frágil voracidad, la había poseído violándole el más preciado de sus valores; aquél que la hacía fuerte, orgullosa, llena de vida…

            Su ilusión quedó prendida en el minutero de la nostalgia y sus ansias se perdieron con lo goteantes tic-tac de la rutina. Se levantó de su silla plegable, miró el reloj… otro minuto se le había escapado en su evasiva añoranza.

            ¿Lágrimas? ¿Lágrimas en Nacaren?

            Cerró los ojos e imaginó colores, risas, abrazos … y entonces sonrió, abrió los ojos y todo estaba allí. Lo veía, deseaba verlo y sentirlo y amarlo y crearlo…

            Alguna voz le susurra al oído a Nacaren…  ¿Eres tú quien, cuando el corazón te habla, desea amar?

            Frente al espejo, decidió darle color a los años y maquilló su cuerpo con el arco iris de la ilusión; a su corazón le habló de futuro…

            Ya no hay lágrimas en los ojos de Nacaren.