Voy
buscando, por los linderos
que
marca el tiempo, una presencia
amiga
que me derrita, lenta,
el
rojo blando y vivo
de
mi existencia.
Siento,
queriéndote cercana,
adivinarte
en mi pasado
incierto,
deslizándote
en
silenciosa, obligada,
reencarnación.
Estoy,
más allá de tu nombre y
tu
cuerpo, por detrás incluso
de
lo real y lo imaginario
que
la ilusión se inventa,
intentando
crearte.
Invento,
como eterna, la belleza
de
una sensualidad de formas
inexistentes...
el tú y el yo
fielmente
confundidos
en
el tiempo.
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