lunes, 18 de julio de 2011

El Amante Impenitente o El Dulce Pesar


El Amante Impenitente o El Dulce Pesar

(Lectura prohibida a discapacitados psíquicos)

Querido Jeremy:

            Hoy, sobre la cama deshecha de mil insomnios, te escribo estas líneas para decirte que te quiero. Ni siquiera conozco tu pasado, mas la voz del corazón me hace amarte más allá de las palabras; más allá, incluso, del cuerpo y del alma...

            Me enamoré de ti sin apenas darme cuenta. El ángulo de nuestros miradas coincidieron un instante, - ¡ qué breve momento de felicidad ! - y descubrí lo etéreo de la materia y lo frágil del corazón.

            Desde ese día, vivo escondiéndome de todos, disimulando mis emociones y poniendo sordina al galope de mis latidos cuando te tengo cerca.
¡ Cuán injusto es el mundo que me prohíbe amarte !

            ¿ Y tú ? - me pregunto cada vez que, a hurtadillas, te observo.
            ¿ Te habrás dado cuenta de mis leves insinuaciones ? Seguramente que no; ya que la imposibilidad de ser felices, a los que estamos condenados desde el nacimiento, no te haría sospechar siquiera que alguien está muriendo de amor tan cerca de ti.

            Fue el timbre algo ronco de tu voz, lo pausado de tus gestos y lo lánguido de tu mirada lo que me hizo entrar en la onírica prisión de mis  confundidos  sentimientos, donde cumplo la condena por haberme enamorado de algo prohibido...

Y así, tan calladamente, vivo con la intención de ser feliz a tu lado; más allá de tu cuerpo, más allá de la gris materia que suponen los complejos adormecidos y los " qué dirán ".

¿ Imposible ? ¿ Qué extrañas razones tendría esta persona para hablar de imposibles, de prohibidos... ? - te estarás preguntando.

            Y yo, que llevo en la piel las heridas de mil desengaños amorosos, sé que esta batalla de verdadero amor la vuelvo a tener perdida; a pesar de que se me derrame la ternura por cada poro del cuerpo, a pesar de que me deshaga en inútiles suspiros y de que vaya dejando, en cada anónimo encuentro contigo, trocitos de corazón gritándote te quiero.

¡ Sí ! Nuestro amor es imposible. Las fronteras que la humanidad ha ido creando para los sentimientos no permite la identidad en lo físico; aunque mi tallo de rudo cardo se halle vestido de rosas...quizás, por ello, ahora mismo se me resbale por las mejillas alguna gota de rocío de sus pétalos helados.

            Lo siento, querido Jeremy, pero debes saber que me afeito la barba a diario, que uso slips como tú y que en la pila bautismal me impusieron el nombre de Ernest Wilfred. Aparte de estas insignificancias, ninguna otra cosa me separa de ti.

            Desde la ingratitud del mundo y la realidad de mi cuerpo, te amaré siempre.

                                                                                                          Ernest.

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