Ellos,
los que fueron dejando,
en
inocentes pensamientos,
infinitas
miradas
clavadas
en mí.
Ellos,
los siempre anónimos
en
el recuerdo,
los
eternamente unidos
al
pupitre del corazón.
Ellos,
son ellos, mis alumnos,
los
que infantilmente
hicieron
enamorarme
aún
más de lo mío.
Ellos,
los que esperas
que
siempre estén,
los
mismos, los ausentes
alfabéticos
apellidos.
Ellos,
los que amabas a hurtadillas
y
a pecho descubierto,
los
que temían, a veces,
tu
intermitente mal genio.
Ellos,
son siempre ellos,
mis
alumnos de entonces,
los
que no olvido.
Ellos.
Son ellos mis maestros
y
yo, su fiel alumno.
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